Roma

El fin de semana en Roma fue tan especial, tan inspirador fue el Vaticano por la noche, tan grande el Coliseo y tan mágico el Tiramisú de pistacho que me sobrepasó. Me sobrepasó tanto el primer viaje del año como la moneda que voló sobre mi hombro izquierdo y de espaldas a la Fontana di Trevi.

No pude resumir la ciudad hasta que no estuve sentado en la escalinata de Piazza Spagna, viendo como la gente paseaba, se hacía fotos y como el agua inundaba la barcaccia. Estaba allí disfrutando y comiendo un helado cuando entendí como veía Roma, no la veía eterna y no la percibía imperial. Cogí mi libreta y escribí lo siguiente:

“Roma; esa ciudad tan anciana en la que el tiempo tanto le ha pasado por encima que se ha quedado pegado a sus piedras, sus columnas y a sus vías. Ese tiempo le ha dado la personalidad. La personalidad de una señora sabía que observa y se mueve constante, firme y viva al igual que el agua que abraza cada una sus fuentes. “

PD: Fontana di Trevi tienes una moneda mía, cuando quieras te toca cumplir tu parte. Solo espero que sea pronto.

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