Stephane Rolland en gris

Enero fue una suntuosa dama con un pesado vestido gris y una fina lluvia sobre sus hombros. Esa misma lluvia me la encontraría en París antes del desfile de Stephane Rolland. La inmensa marea de abrigos y trajes negros esperando acceder, los detalles dorados de cada palco y el telón burdeos trepando hacia el techo son las imágenes que hoy recuerdo antes de coger la libreta con todos los dibujos de aquellas horas.

Esa libreta es mi pasaporte para rememorar mi cita con la Alta Costura. La primera página me sienta en la butaca G 18 de la Opera Comique. Desde allí puse aprueba mi punta fina que no se frenó hasta retener la colección Printemps. Las siguientes páginas son una cabalgata de volúmenes arquitectónicos que conviven con la fluidez del trazo y la caída de aquellos lujosos tejidos salpicados con lágrimas plateadas.

En esas 8 páginas hay una colección recordando que yo también formé parte de aquel día de Enero frío y lluvioso en París.

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